Definitivamente el nacimiento de mi primer hijo fue un parte aguas en mi vida, no solo por lo que significa para cada mujer convertirse en madre por primera vez, si no que paradójicamente y dadas las circunstancias fue uno delos momentos más dolorosos en mi vida. Si, me sentí en medio de una encrucijada, por una parte con el reflejo del amor de Dios en mi hijo, y por otra parte enojo y desesperación, frustración. Tristemente esos sentimientos permanecieron en mi mucho más de lo que quisiera, sin embargo cuando entendí que sería el perdón lo que me traería la paz y por consiguiente todo lo que Su amor ha traído a mi vida en el transcurso de todos estos años.
Y con todo esto, viene a mi mente la reflexión sobre cómo vivimos antes y como vivimos ahora... cómo viví antes y cómo vivo ahora. Lo primero que veo con mucha tristeza, es que definitivamente todas esas ideas que más que ideas se han convertido en una forma de vida para muchos, han afectado directamente en nuestras vidas. Si bien respetar a los demás no implica aceptar ni mucho menos predicar ni vivir con esas ideas, hoy se habla tan a la ligera de todo... todo se permite, la homosexualidad se ha puesto de moda, el tener hijos de padres diferentes ya no tiene nada de malo bajo el escudo de que los hijos son una bendición de Dios, y el aborto, que si bien hay en todos los casos situaciones extremas, se habla de ello como si fueran papas fritas, con mucha ligereza, sin profundiza en el daño que nos hacemos y que hacemos a los demás... sin darnos cuenta de qué tanto nos estamos alejando de Dios así a la ligera... Hoy en la distancia, me siento feliz de haberme dado cuenta de que, todas estas ideas y posturas tan de moda en el mundo actual, no son más que el demonio viviendo cotidianamente entre nosotros. Hoy puedo decir con firmeza que las he desechado, que quiero vivir con Dios. Hoy más que nunca se que Él nunca me dejará... que soy yo la que decido alejarme o no. Hoy se que Dios es quien me da la fuerza para seguir adelante, para vencer las tentaciones y las tristezas como la partida de mi tío. Hoy se que sin el amor y la misericordia de Dios no soy nada.
Que Dios les bendiga SIEMPRE!
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