Los frutos que recibí en la semana al poner a Dios en el
centro de mi vida, es decir, los beneficio que obtuve al decirle diariamente a
Dios que mi proyecto, mi propósito es amarlo con todas mis fuerzas, fue reconocer
nuevamente como Dios me va llevando en un camino de conversión, haciendo vivo
en mi eso que se reza “ayúdame a seguir tus caminos”. Me percato de cómo reacciono
diferente, ante los estímulos de mi medio ambiente, me veo más tolerante y paciente,
creo que vivo un poquito la bienaventuranza que habla de los mansos.
Pero creo que esta transformación que voy teniendo no es
de esta semana, ha sido resultado de, un trabajo constante de estar en
comunicación con Dios, del cual obtengo como resultado entender un poco más de cómo
quiere que yo me comporte, mi trabajo diario es llevar esto a la práctica, y
creo que aquí es esto que le digo a Dios, “mi
propósito de hoy es”, practicar lo que tú me dices que haga, y hacerlo con “todas mis fuerzas”, entonces, al estar
alerta durante el día para cumplir con su voluntad y ser grato a sus ojos, me
lleva a tener como resultado una paz interior, cumpliéndose en mí su palabra, su
promesa. Al escribir esto me lleno de sentimientos de gratitud, porque me doy
cuenta de que Dios está vivo y vive en mí.
Al compartir esto con algunas personas, he recibido una
sonrisa, y una aprobación, he causado la curiosidad en ellos y han querido
saber más. La gracia de Dios me ha llenado de valentía para predicar mi
conversión, tal como el compromiso de la semana pasada se me planteo, y es así
como he empezado a echar las redes para pescar hombres para gloria de Dios.
Eduardo Carmona


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