Compartir nuestras experiencias con otros, no es sencillo, cada uno visualizamos la vida de forma distinta, sobretodo cuando de fe se trata. Dios sana nuestros corazones de forma cautelosa y distinta; a cada uno nos conoce de forma particular y por ello actúa en nuestras vidas de acuerdo a lo que debemos aprender, para ejecutar el plan perfecto que tiene con nosotros.
Pensar, pero sobre todo reconocer los errores que cada día he cometido, es lo verdaderamente complicado. Solemos juzgar y señalar los errores y los defectos de los demás, pero no nos detenemos a meditar los nuestros. Cada sesión profundiza más en el interior y nos invita al auto conocimiento a ser mejores y esforzarnos en mantenernos alejados del pecado y poner nuestra confianza plenamente en Dios. Sin embargo, son tantas las veces que sufrimos y nos sentimos abandonados y solos, ya que nos negamos a creer plenamente en la voluntad de Dios y confinarnos por completo a él.
Mi propósito, es poner a Dios delante de mis decisiones, y pensar: ¿que haría Él en esta circunstancia?, pondré mi confianza en sus manos.
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