Uno de los grandes males que nos aqueja hoy en día es la indiferencia en distintas áreas de nuestra vida, tal que nace por la falta de amor. Quizás las circunstancias de nuestra vida han creado en nuestro al rededor una coraza que proteja nuestro corazón de cualquier tipo de dolor, olvidando que incluso el dolor es necesario, pues forja nuestro carácter más allá de los estándares hoy establecidos.
Esta sesión me ha permitido abrir los ojos del corazón, del espíritu para ver con los ojos de Cristo, primero dándome cuenta que en todos esos momentos difíciles, por más tristes y obscuros que parecían tuvieron un buen propósito tiempo después, demostrándome que Dios está absolutamente en control de todo, esa tristeza de un día viví hoy me hace más fuerte, no por el echo de que no derrame lágrimas, sino, porque a través de ellas me es más fácil dejarme en manos de Dios para que él me muestre un propósito y una solución.
Es a través de su Espíritu Santo que Él nos santifica en pequeñas acciones que hacemos día a día, Él es la luz, el amor del día a día, y el amor echa fuera al miedo que nos aleja de Dios, que nos hace sentir desconfianza, nos pone en situación de incertidumbre, todas aquellas circunstancias de las cuales el enemigo se aprovecha para quitarnos la paz y de engañarnos con falsos argumentos, poniendo la culpa en nuestro corazón, haciéndonos sentir inferiores, cuando al contrario, el verdadero amor y misericordia de Dios Padre está en el perdón que nos devuelve la gracia, sobre todo la esperanza de que día a día podemos ser mejores si nos lo proponemos con firme convicción, ese es el ejemplo que habla de Cristo a través nuestro. No necesariamente las palabras son el conductor del amor de Dios, sino también nuestros actos.
amen
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