Cuando me dispongo a estar frente a mi prójimo pensando
que es a Cristo a quien miro, nace en mí una actitud amorosa y de entrega, me
he percatado que escucho al otro con ternura, de modo que puedo recibir su
solicitud o su reclamo con más tolerancia, me siento con una paz interior que
me permite tomar de forma diferente las cosas que no me gustan, que me
incomodan y me irritan. Frente a este cambio de mi persona, a mí me parece, que
la contraparte se desenvuelve como con libertad. Me han expresado que se
sienten escuchados, de otros he recibido su agradecimiento, pero lo percibo con
una acentuación especial, porque sé que me lo dice con el corazón, esto me ha
pasado cuando comparto lo que tengo sin pensar que después me hará falta.
Esta actividad la quiero llevar a la práctica cotidiana,
hacerla una costumbre y que surja de manera espontánea de mí, que forme parte
de mi estilo de vida
Creo firmemente que el Espíritu Santo actuara desde lo
más profundo de mi ser.

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