domingo, 13 de marzo de 2016

Sesión 7

Me permito compartir una experiencia que tuve al poner en mi mano un sentimiento de enojo y presentárselo a Jesús en la cruz, para pedirle que lo transformara en amor. Para poner en contexto mi experiencia, quiero comentar que este sentimiento de enojo surge en mí, al ver, según yo, que un miembro de mi familia política tiene actitudes muy demandantes. Esta situación, la vivo con cierta frecuencia, pues nos visita en nuestra casa con regularidad.
Así que una noche en mi oración final le presente a Jesús esta situación. Desde luego que lo hice con toda la fe que poseo y que es la que Dios me ha dado.
Al día siguiente me dispuse llegar temprano a misa para estar frente al Padre y presentarle mi sentimiento transformado de enojo en amor. Hasta este momento, dentro de mí, no experimentaba nada diferente, pero al cerrar mis ojos, de inmediato, percibí que el padre ya me estaba esperando con los brazos abiertos, me solté en un llanto, profundo y silencioso, no hacía más que abrazarlo con fuerzas y su respiración estaba sincronizada con la mía, era una respiración profunda y sonora. Me experimente amado por Dios, y mis sentimientos eran de agradecimiento, felicidad, paz, y esperanza, así me sentí durante todo el día. Por supuesto que al otro día, tenía puesta la mirada en llegar tempano a misa y encontrarme nuevamente con el Padre Celestial.

Este ejercicio me ha marcado, me ha dado un medio muy eficaz para estar cerca del padre, y he experimentado como a través de Jesús y el poder del Espíritu Santo puedo estar en presencia del Padre. Con esto sé que puedo disfrutar del reino de Dios aquí en la tierra, y me vienen muchas cosas a la mente que cobran sentido y son vida en mí.


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