Me permito compartir una experiencia
que tuve al poner en mi mano un sentimiento de enojo y presentárselo a Jesús en
la cruz, para pedirle que lo transformara en amor. Para poner en contexto mi
experiencia, quiero comentar que este sentimiento de enojo surge en mí, al ver,
según yo, que un miembro de mi familia política tiene actitudes muy demandantes.
Esta situación, la vivo con cierta frecuencia, pues nos visita en nuestra casa
con regularidad.
Así que una noche en mi
oración final le presente a Jesús esta situación. Desde luego que lo hice con
toda la fe que poseo y que es la que Dios me ha dado.
Al día siguiente me dispuse
llegar temprano a misa para estar frente al Padre y presentarle mi sentimiento
transformado de enojo en amor. Hasta este momento, dentro de mí, no experimentaba
nada diferente, pero al cerrar mis ojos, de inmediato, percibí que el padre ya
me estaba esperando con los brazos abiertos, me solté en un llanto, profundo y silencioso,
no hacía más que abrazarlo con fuerzas y su respiración estaba sincronizada con
la mía, era una respiración profunda y sonora. Me experimente amado por Dios, y
mis sentimientos eran de agradecimiento, felicidad, paz, y esperanza, así me sentí
durante todo el día. Por supuesto que al otro día, tenía puesta la mirada en
llegar tempano a misa y encontrarme nuevamente con el Padre Celestial.
Este ejercicio me ha
marcado, me ha dado un medio muy eficaz para estar cerca del padre, y he
experimentado como a través de Jesús y el poder del Espíritu Santo puedo estar
en presencia del Padre. Con esto sé que puedo disfrutar del reino de Dios aquí en
la tierra, y me vienen muchas cosas a la mente que cobran sentido y son vida en
mí.

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