domingo, 24 de abril de 2016

Sesión 10

Para muchos, yo imagino, que se puede ver como casualidad lo que me sucedió esta semana; para mí, es obra del Espíritu Santo que actúa en mí, es la promesa cumplida de Jesús. Les comparto que esta semana revise con detenimiento lo referente a la Soberbia (pecado capital), y descubrí algunos de sus efectos en el ser humano y principalmente encontré como afecta a mi alma, a mi corazón y a todo mi cuerpo. –A manera de paréntesis quiero confesar que a pesar de que mi instructor me advirtió, que este tipo de pecados capitales es muy común que sean negados por la mayoría de las personas, … pue caí--.
También aprendí que el pecado de la soberbia y todos los demás pecados capitales, son la fuente de otros pecados (de allí el nombre de capitales), pero el punto al que quiero llegar es que conocí algunas virtudes contrarias a la soberbia, y me llamo la atención que una de ellas es la HUMILDAD, y ahondando en esta virtud encontré que el verdadero humilde comienza por reconocer que no merece ser tomado en cuenta y que no tiene por qué aspirar al elogio de nadie. Esto me hizo darme cuenta que yo soy muy susceptible cuando me doy cuenta que no soy escuchado por mi familia; me produce un dolor en el alma y me brotan sentimientos de tristeza; así que encontré una gran oportunidad de practicar la lista de medios para ejercitar la humildad.
La experiencia que me dejo el practicar los siguientes puntos:
Aceptar los reproches aunque sean inmerecidos.
Aceptar verse descuidados, olvidados, despreciados.
No tratar de ser admirados y amados.
Ceder en las discusiones aunque se tenga razón.
Aceptar las contradicciones con buen humor.
Ceder frente a la voluntad de los demás.
Ceder en las discusiones aunque se tenga razón.


En principio he de comentar que me pareció una tarea imposible, pero conforme mostré disposición para practicarlas, me di cuenta que si se puede, no es fácil, pero el ver que hay caminos, me anime a seguir. Es verdaderamente maravilloso recibir frutos del Espíritu Santo, pues de inmediato mi alma y mi corazón se llenan de paz, solo fue necesario mostrar a mi Señor Jesús mi absoluta voluntad de querer ser como el me pide; puse ante su cruz, como una ofrenda de amor para Él, mis miedos de verme no tomado en cuenta, no amado, despreciado, y ceder ante contradicciones. También le ofrecí el dolor de mi alma y me confié a su infinita misericordia para que me ayudara. Solo esto basto para sentir paz y llegar a esos momentos en los que yo me creo no escuchado, con una actitud pacífica, con la mentalidad de que el Espíritu Santo está conmigo, y con la conciencia de que actuar con humildad es demostrar amor a mi prójimo y que mostrar amor a mi prójimo es una manera de mostrarle mi amor a Jesús y así, sé que le doy gloria a Dios, esto me hace inmensamente feliz, por lo que al estar frente a una situación difícil, como la que comento, me debería hacer feliz, pero confieso que aún no lo logro; si siento felicidad una vez que paso y dejo estos momentos de dolor en mi alma, y es cuando me doy cuenta que vale la pena pasar por lo que tenga que pasar, porque el fin último es estar junto a Dios.



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