A lo largo de la semana, me puse reflexionar sobre el amor que Dios me tiene, pero también al amor que le tengo a Él, descubrí que, mientras yo suponga que amo a Dios pero no lo sienta realmente, tampoco podré sentir su amor, pues estoy cegando mi corazón a una suposición.
Me decidí a experimentar el amor que tengo a Dios y dejar que Él me muestre su amor sin ninguna condición mía. Aprendí a ver en cada detalle la ternura de un Padre, que siempre busca lo mejor para sus hijos, no necesariamente lo más grande, lo más ostentoso pero sí, lo más esencial para cada uno, dándome la certeza de que siempre está velando por mi, desde lo más pequeño hasta el sueño más grande está en manos de Dios.
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